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Pragmatismo y diseño (II): William James

16 Jul, 2020, por Sergio. No hay comentarios

Si Pierce fue el genio incomprendido creador del método pragmático, digamos que James fue el que capitalizó sus ideas, divulgándolas al gran público.

Willam James (1842-1910) fue el mayor de una familia de cinco hermanos, dominada por un patriarca (Henry James) individualista y crítico con las instituciones establecidas. La familia pasó varios años en Ginebra y París, y eran populares por sus tertulias de sobremesa, lo cual proporcionó a James una buena base para su desarrollo intelectual y cultural.

Era una persona muy versátil intelectualmente. Su padre le obligó a abandonar una carrera artística para dedicarse a las ciencias, ingresando en Harvard para estudiar química y después medicina. Obtuvo el título de Doctor en Medicina pero nunca ejerció, ya que no tenía fe en la medicina de la época, prefirió en cambio dedicarse a dar clases de fisiología y luego de psicología en la misma universidad, como profesor asistente. Todos estos golpes de timón en su carrera se proyectarían más tarde en sus trabajos.

Durante aquella época, la psicología se empezaba a establecer cómo disciplina académica, muy vinculada a los departamentos de filosofía. James estableció el primer laboratorio psicológico científico de Estados Unidos, enfatizando la unidad entre las dos disciplinas. 

And we give it back to you… the people

Tras 12 años de trabajo, James se convirtió en un éxito internacional con la aparición de sus “Principios de Psicología” en 1890,  un tratado de psicología de 1.200 páginas donde alejó la psicología de la vena metafísica del siglo XIX para crear una ciencia moderna. Murió siendo uno de los filósofos más famosos del mundo. La suerte de su colega Peirce, en cambio, fue muy diferente. Nunca logró publicar un libro de filosofía, nunca tuvo una posición académica permanente y a menudo vivió en la miseria. James anunció “generosamente” al mundo en 1898 que Peirce había sido el fundador del pragmatismo, pero no fue hasta la década de 1930, cuando comenzaron a aparecer sus documentos y con ellos su reconocimiento académico.

James partió de las  ideas de Peirce al afirmar que el pragmatismo era un método para definir la verdad. Sus escritos sobre el tema se hicieron muy populares, ya que ofrecían consignas y afirmaciones intrigantes que a menudo parecían ir en contra del sentido común.

“Cualquier idea que nos lleve de manera próspera de una parte de nuestra experiencia a cualquier otra parte, que vincule las cosas satisfactoriamente, trabaje de manera segura, ahorre trabajo; es muy cierta, cierta en lo sucesivo, cierta instrumentalmente”

Cualquier idea que nos lleve a otro sitio es buena. Peligroso.  

James nunca entendió las «consecuencias prácticas» tan completamente como lo hizo Peirce, y no comparte su restricción a los patrones generales de comportamiento. James dejó de ser creyente, pero sostuvo que si una creencia religiosa hace sentir mejor a alguien y eso contribuye a la aclaración pragmática de que «Dios existe», esa idea es buena. Una creencia puede hacerse realidad simplemente por el hecho de que sostenerla contribuye a nuestra felicidad y satisfacción. 

James en una sesión de espiritismo con una médium. MS Am 1092 (1185), Houghton Library,

Es fácil ver que, a menos de que contextualicemos mucho una creencia religiosa, esta podría conducir a una gran cantidad de sorpresas y decepciones experimentales. Una “vida concreta”, una idea respetuosa o un consuelo, no tienen por qué ser lógicos.

Quizá sea esa malinterpretación populista del pensamiento pragmático, a la que James de alguna forma contribuyó de forma inconsciente, la que nos pueda ayudar a entender un poco mejor las contradicciones de la sociedad norte-americana y los objetos que produce.

No obstante, no me parece justo juzgar a James por popularizar el método, ya que si fue capaz de ello, es porque tocó nuestra fibra sensible.

Mediadores entre duros y blandos

En 1907 William James publicó una serie de artículos bajo el título “Pragmatismo: un nuevo nombre para algunas viejas formas de pensar”, donde afirmaba que todos los problemas que hasta entonces había tenido la filosofía, se resumían a un choque de temperamentos entre las personas con “mente dura” y “mente blanda”. Los de mente dura tienden a experimentar y seguir «los hechos», mientras que los de mente sensible prefieren apelar a la racionalización. Los de mente dura son materialistas, pesimistas, dogmáticos y fatalistas, mientras los de mente blanda tienden a ser idealistas, optimistas, religiosos y creen en el libre albedrío.

El pragmatismo se presenta como una filosofía mediadora entre «la lealtad científica a los hechos» y «la vieja confianza en los valores humanos». La conformidad con los estándares de mente dura para adquirir conocimientos, no impide que adoptemos el tipo de visión del mundo al que aspiran los de mente sensible. Mediante el uso del «método pragmático» (la aclaración de hipótesis identificando sus consecuencias prácticas) para acercarnos más a la verdad, las disputas comienzan a disolverse. A menos que alguna «diferencia práctica» decante la balanza hacia un lado u otro, la disputa estará inactiva.

Aquí hago una pausa y barro para casa, haciendo una pequeña reflexión sobre el papel que el diseño tiene como mediación de conflictos. Como una solución formal que tiene éxito cuando hay consenso entre todas las partes. Y sin necesidad de ilustrar nada, creo que cada cual tendrá su propio ejemplo en la cabeza.

Emociones, el pegamento de nuestras ideas

Tenía una salud frágil, quizá esto y sus conocimientos de fisiología influyeron en su especial sensibilidad hacia el cuerpo, el cual estuvo siempre en el centro de sus ideas.

En línea con las ideas de Pierce, consideró nuestras vivencias (o experiencias) como una realidad fundamental y la base de todo lo que podemos saber. Pero ¿cómo adquirimos conocimiento?¿cómo pensamos?

Si bien los objetos que percibimos pueden parecer distintos o separados, nuestra conciencia sobre ellos es continua, como si flotaran en una corriente. Las cosas en sí son discretas y discontinuas, pero pasan ante nosotros como una cadena de sucesos. Solo cuando las cosas se contrastan violentamente entre sí, “como el trueno contra el silencio”, es cuando pasamos por alto nuestra asociación de pensamientos y somos conscientes del silencio anterior. 

“Creemos que el mismo trueno abole y excluye el silencio; pero el sentimiento del trueno es también el sentimiento del silencio que acaba de desaparecer”.

Aunque no siempre le prestamos atención, nuestra postura corporal, actitud y condición, invariablemente también influye a toda nuestra experiencia: “Pensamos, y a medida que lo hacemos sentimos nuestro cuerpo como el asiento de nuestro pensamiento”. Por eso James culpa nuestra tendencia a enfocarnos en las cosas mediante el lenguaje en lugar de experimentarlas con nuestro cuerpo.

No percibimos las experiencias como reales a no ser que las vivamos presencialmente. Cuando conducimos, no percibimos el resto de los vehículos como personas metidas en cajas de metal. Cuando interactuamos con alguien mediante un dispositivo, siempre nos queda una vaga sensación de irrealidad, de haber soñado.

Hago otra pausa circunstancial. Escribo alguna de estas líneas sentado en un banco de un parque y hace bastante calor. Varias trabajadoras del hogar sudamericanas ayudan a pasear a personas mayores. Un anciano que camina con mucha dificultad, se queda medio atrancado al caminar, como bloqueado. Al pararse apenas puede hablar y tartamudea mucho. “Camine señor Martín, camine», le espeta la chica. Y entonces, tras un pequeño empujoncito mientras le acompaña del brazo, el pobre hombre recupera de pronto la cadencia de la marcha, y con ella, el hilo de la conversación que habían iniciado. “Ahora sí, muy bien”.

Para James las emociones ejercen una función de guía, que es el eje de todo lo que pensamos y hacemos. La gran mayoría de las potenciales impresiones para los sentidos nunca acaban en una vivencia “¿Por qué? Porque no tienen interés para mí. Mi experiencia es lo que yo decido prestarle atención. Solo los elementos de los que soy consciente dan forma a mi mente. Sin en el interés selectivo, la experiencia es un caos”

En esencia, James sostiene que es la percepción de hechos excitantes las que causan un cambio en el cuerpo, y percibimos estas reacciones corporales mediante las emociones. De hecho, las emociones se convierten en el eje central de nuestra toma de decisiones, ya que nos proporcionan una guía sobre las consecuencias prácticas de nuestras acciones particulares. El cuerpo se convierte en una pizarra dónde se proyectan todas nuestras percepciones, por eso no tiene sentido separarlo de nuestro pensamiento. Pero tampoco justifica algunos tatuajes…

Las emociones nos proporcionan la información necesaria para pasar a la acción en situaciones complejas donde la lógica y el cálculo no es suficiente. De hecho esto ocurre en la mayoría de las situaciones sociales, donde las acciones se toman sin tener en consideración cual sería el camino más apropiado. En ese sentido, es imposible separar razón y emoción, ya que se entrelazan en el proceso de la experiencia.

Vuelvo al parque donde me encuentro escribiendo parte de este texto. Ahora pasa otra chica sudamericana, esta vez paseando un bebé rubio de apenas 2 años. Juegan subiendo y bajando un pequeño montículo de tierra. Ella le anima a subir lo que para él debe parecer una montaña. Cuando el niño baja la rampa, le entra el típico cosquilleo del estómago, y este se echa a reír a carcajadas.

Nuestra sociedad tiene bastante abandonado el cuerpo y las emociones a la hora de plantear soluciones de diseño. Tenemos tendencia a caer en la frivolidad y el infantilismo cuando utilizamos algún componente emocional. Quizá nos falta mucho conocimiento y seguramente, valores para poder utilizar estos recursos de forma más inteligente. 

De situaciones sociales, aprendizaje y emociones e infancia seguiremos hablando con nuestro próximo pragmático. El profesor que hubiéramos querido tener.

Seguir leyendo

Este post es el segundo de una serie de cuatro sobre Pragmatismo y Diseño:

Bibliografía

Brag M. “Pragmatism”. In Our Time. BBC Radio 4.

Dalsgaard, P. (2014). “Pragmatism and design thinking”. International Journal of Design, 8(1), 143-155.

Legg C., Hookway C. “Pragmatism”. Stanford Encyclopedia of Philosophy.

James. W. (1907) “Pragmatism. A New Name for Some Old Ways of Thinking”.

Rylander A. «Pragmatism and Design Research». Ingår i Designfakultetens serie kunskapssammanställningar, utgiven i april 2012.

White. M. (1969) “The Power of Positive Pragmatism”. The New York Review of Books.

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