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Olvídate de mí

8 Ago, 2011, por Sergio. 1 Comentario

Recientemente he tenido que cambiar la radio del coche. A la hora de buscar un modelo, simplemente necesitaba una radio que permitiera la conexión del iPod mediante USB o mini jack. Visité una tienda especializada del barrio y me ofrecieron un modelo que parecía cumplía todas mis necesidades, esa misma tarde me la instalaron y todos contentos con el juguete nuevo.

Me hallaba yo de camino de vuelta a casa jugueteando con el cacharro sin prestarle mucha atención con la mirada, cuando de pronto parado en un semáforo me percaté de algo que me irrita solemnemente: la radio nueva no paraba de ofrecer mensajes de texto en movimiento, ni siquiera mensajes de tipo informativo (la emisora de radio o la canción y artista que estaba sonando), sino ridículos textos descriptivos de las funcionalidades de la radio:

<< 3BAND EQ >> <<SUBWOOFER>> <<USB INPUT>> << 6 PRESET RADIO STATIONS>>

Es algo que no entiendo ¿por qué emitir mensajes publicitarios en un producto cuando ya lo he adquirido? Más aún teniendo en cuenta su entorno de uso: prestar la atención a la carretera y no los mensajes visuales de la radio.

En menor medida, esta mala relación con los electrodomésticos me ocurre también con la lavadora y con la secadora, que me avisan cuando han acabado su trabajo, y no dejan de emitir un molesto pitido hasta que nos las apago. La nevera también pita cuando dejo la puerta abierta más de 30 segundos, o sea que me mete prisa cuando estoy pensando qué voy a cocinar con lo que veo. El lavavajillas es más discreto y educado, se limita a encender una lucecita y a esperar que me acuerde de él.

Al igual que les ocurre a las personas, algunos dispositivos, programas y servicios necesitan llamar la atención para denotar su presencia, necesitan saber que no nos olvidamos que ellos. Pasa con las notificaciones por defecto de Skype, que nos avisa cuando alguien se conecta o se desconecta, pasa con Dropbox cuando nos avisa que se ha actualizado un archivo, pasa con la compañía telefónica o el banco que no paran de molestarme para que contrate aún más servicios…

Un dispositivo, un programa o un servicio fideliza al cliente por hacer bien lo que tiene que hacer, no por recordarnos continuamente que están ahí, de lo contrario el efecto puede ser completamente contraproducente y acabar hastiando al cliente que tanto nos ha costado conseguir.

Un comentario

  1. Francisco says:

    Gran post!

    El caso más molesto que me ha tocado aguantar es la compra de un descodificador para la TV. Cuando se conecta, al cambiar de canal, además de la típica información del mismo en una pequeña capa te aparece un anuncio publicitario del producto que no hay forma de quitar, vamos, que además de pagar por el producto tienes que ver su publicidad.

    Conclusión, no vuelvo a comprar nada de su marca.