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# Rashomon: el relato que mata tu producto

4 Sep, 2026, *por* Sergio.

Kioto, siglo XII. En un bosque apartado, un bandido está acusado de matar a un señor feudal y agredir a su esposa. Cada uno de los implicados cuenta una versión distinta de lo que pasó ese día: el bandido, la mujer, el propio señor feudal, que también declara, convocado a través de una médium, y un leñador, el único que vio los hechos con sus propios ojos, que además guarda algo que no le contó a nadie. Ninguna versión es mentira, pero ninguna coincide del todo.

Esta historia, la del crimen y sus testimonios imposibles de conciliar, viene de un cuento del escritor japonés [Ryūnosuke Akutagawa](https://es.wikipedia.org/wiki/Ry%C5%ABnosuke_Akutagawa)
 de 1922. Pero cuando [Kurosawa](https://es.wikipedia.org/wiki/Akira_Kurosawa)
 la llevó al cine en 1950, le puso el título de otro cuento distinto y anterior del mismo autor: uno ambientado en la puerta en ruinas de Kioto donde dos supervivientes se refugian de la lluvia y acaban contando la historia a un tercero. Fusionó ambos relatos en [una película](https://es.wikipedia.org/wiki/Rash%C5%8Dmon_(pel%C3%ADcula))
 que ganó el León de Oro en Venecia y abrió las puertas de Occidente al cine japonés. Le dio nombre a esa situación en la que varias personas describen el mismo hecho de formas distintas, cada una creíble, cada una interesada: [el efecto Rashomon](https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Rashomon)
.

[https://www.guindo.com/blog/wp-content/images/masako.webp](https://www.guindo.com/blog/wp-content/images/masako.webp)

Machiko Kyō interpreta en Rashomon (1950) a Masako.

Durante décadas lo hemos usado para hablar de testigos poco fiables, pero también ocurre en lo más cotidiano, sobre todo entre grupos de amigos. Hace años estuve a punto de quemar la casa de unos amigos intentando apagar el alcohol de quemar de una fondue que se había derramado. En mi cabeza el susto duró apenas unos segundos, pero cada vez que nos juntamos, la historia se hace un poco más grande, y ya es motivo de risas garantizadas, aunque cada uno la cuenta de forma distinta.

Hoy, esa visión sesgada y amplificada de cualquier hecho pasa a otra escala. Vivimos en una sociedad tribalizada, y las plataformas la alimentan directamente. En YouTube, **casi la mitad de**[los vídeos recomendados se parecen al vídeo de origen](https://doi.org/10.1080/01292986.2024.2315584)
. En Facebook, Twitter, Gab y Reddit, **el mismo mecanismo de agrupación por afinidad sostiene**[las cámaras de eco](https://doi.org/10.1073/pnas.2023301118)
. La realidad objetiva ha dejado de operar como árbitro y ya no esperamos que los hechos zanjen la discusión.

En producto digital esto es casi un supuesto de partida. Toda la disciplina de investigación de usuarios se apoya en que **no hay una sola verdad sobre el usuario, sino varias, en conflicto entre sí**. En cualquier equipo, esa multiplicidad opera a diario. El diseñador defiende una lectura del problema, el usuario tiene otra completamente distinta en la cabeza, y marketing construye un tercer relato para vender la promesa.

## El valor nunca fue un hecho objetivo

Dentro de cualquier equipo que construye producto, esta discrepancia ya existe antes de que nadie la nombre. Lo que el equipo cree que resuelve una función y lo que el usuario hace realmente con ella rara vez son la misma historia, es un clásico en la disciplina. Y no es un fallo de comunicación que se arregle con mejor documentación, ya que hasta esta se asimila de forma sesgada.

¿Y qué necesita realmente el usuario? La mayoría de quienes nos dedicamos a diseño de producto nos hemos formado dando por hecho que compara y compra funciones, cuando en realidad busca significado: control, estatus, pertenencia, ahorro de esfuerzo. Por eso más funciones no producen automáticamente más valor percibido. [El valor nunca fue un dato objetivo del producto](https://doi.org/10.1177/10946705231222295)
, siempre fue una negociación de relatos que hasta ahora ocurría puertas adentro en las organizaciones.

Esa misma disputa por definir qué es tu producto ya no se libra solo dentro de tu empresa. **Yelp lleva más de una década lidiando con**[reseñas compradas o incentivadas](https://doi.org/10.1287/mnsc.2015.2304)
, y el daño no se queda en ese producto. En cuanto el comprador sospecha que algunas reseñas son falsas, deja de confiar también en las verdaderas y [se contamina el sistema entero](https://doi.org/10.1016/j.jbusres.2018.02.016)
.

## La ventaja ya no está en las funcionalidades

Construir cuesta cada vez menos gracias a la IA generativa, por eso alcanzar la paridad de funciones con la competencia deja de ser una ventaja. Si cualquiera puede construir lo mismo que tú en semanas, la ventaja se traslada a [quién gestiona mejor la percepción de valor y la confianza](https://doi.org/10.1111/j.1540-5885.2010.00742.x)
 alrededor de lo que construye.

Ojo, esto no es una licencia para vivir solo del relato, y me viene a la memoria el caso del [Humane AI Pin](https://en.wikipedia.org/wiki/Humane_Inc.)
, un cacharro que tenía un relato perfecto: fundadores que venían de diseñar el iPhone, cientos de millones de financiación, la promesa de sustituir el móvil por un pin con IA. Cuando llegó a manos de la gente, se calentaba, la batería duraba un par de horas y apenas hacía lo que prometía. Las reseñas reales, no compradas, lo destrozaron en cuestión de días. El relato sin producto detrás tampoco sobrevive.

Tu producto compite dentro de **un entorno donde la realidad misma sobre lo que vale se está narrando de forma activa**, por tu equipo, por tus usuarios, y por gente sin ningún interés en decir la verdad.

## Qué podemos hacer al respecto

En tu roadmap, no des por hecho que más funciones significan más valor. Para cada función, **escribe explícitamente qué crees que va a significar para el usuario**, no solo qué hace. Por ejemplo, puedes pedir a diseñadores y usuarios que puntúen por separado varias propuestas de un mismo concepto y usa la discrepancia entre ambos como criterio de decisión, en vez de tratarla como ruido a eliminar.

Mide cómo de bien gestiona tu equipo sus propias discrepancias, igual que medirías cualquier otro riesgo de producto. No es algo que se resuelve en una reunión y ya está. **Los**equipos que usan bien las distintas perspectivas construyen mejor; los que no, **terminan**[estereotipando al usuario bajo presión de plazos](https://doi.org/10.1017/dsj.2022.19)
.

Cuando leas tus métricas de crecimiento, ten en cuenta que parte de esa señal puede ser ruido comprado. **Las reseñas y valoraciones no solo influyen en lo que decide tu usuario: también influyen en lo que decide tu propio equipo de producto** a la hora de priorizar qué construir, y eso incluye [lo que ves en tiendas de aplicaciones como la App Store o Google Play](https://doi.org/10.1007/s10664-019-09706-9)
. Si no filtras ese ruido, acabas tomando tus propias decisiones sobre datos que ni siquiera son reales.

Y hay algo más que podemos hacer, y no es solo escudarnos en el escepticismo, construir nuestro propio sistema de confianza en vez de depender del de la tienda o el marketplace de reseñas de turno. Añadir una capa de verificación propia, aunque sea sencilla (feedback ligado a uso real del producto, no a quien simplemente decide opinar) sin esconder la pluralidad detrás de una nota media. Un 4,2 sobre 5 en G2 o Capterra borra exactamente la discrepancia de los matices. Podemos agrupar las opiniones por motivo en vez de promediarlas: quién valora tu producto por A, quién lo valora por B. Además, quien todavía está evaluando tu producto, en una prueba gratuita o comparando alternativas, también necesita ver esa pluralidad, no una media que no le dice si va a encajar con su caso concreto. Un producto que enseña por qué la gente discrepa da más confianza que uno que la disimula.

## Competir es que tu versión de la verdad sobreviva

El efecto Rashomon empezó como una forma de explicar por qué cuatro personas ven lo mismo de cuatro maneras distintas. Hoy describe casi literalmente nuestro día a día, y lo qué significa competir en un mercado saturado de productos excelentes. Ya no basta con tener el mejor producto, es conseguir que tu versión de la verdad sobre los problemas que soluciona tu producto sobreviva a todas las demás que compiten por el mismo espacio.

Y una última cosa, para ser consecuente. Todo lo anterior es, evidentemente, mi relato de los hechos, adornado con un buen clásico del cine, que siempre queda bien.

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