Experiencias en el blog

Vuelta y vuelta

24 May, 2013, por Sergio.

El chimpancé, al igual que el hombre, es un primate omnívoro que ocasionalmente se alimenta de carne. A veces capturan otros monos para comérselos, para ello cooperan entre ellos y emplean diversas estrategias de caza en grupo. A diferencia de cuando comen plantas, a la hora de comer la carne cazada, el chimpancé no lo hace solo, se trata de una actividad colectiva en la que se reparte la carne entre todos los miembros, y estos pasan entre cinco y seis horas comiendo juntos. Comer carne cruda no es una tarea fácil, ya que está muy dura. Los antropólogos afirman que en estas largas reuniones de grupo alrededor de la comida, fueron la semilla del rito de compartir, primero comida, luego historias.

Esta anécdota me vino a la cabeza hace un par de semanas, mientras compartía mesa en Valladolid con algunos de los participantes de UXSpain 2013 y disfrutábamos de un suculento trozo de carne muy poco hecho.

A diferencia de los chimpancés, los humanos no estamos adaptados para comer carne cruda, nuestro metabolismo no está preparado para digerirla. Desde el punto de vista de la organización, la edición de este año de UXSpain ha pretendido estar más elaborada que el experimento del año anterior, intentando poner más énfasis en la calidad y la diversidad de los ponentes, así como en su compromiso con el evento.

Como siempre pasa en estos eventos, las conversaciones más interesantes se dieron en los pasillos, y las polémicas (si es que hubo) fueron mucho más constructivas.

Se puede pensar a priori, que esta segunda edición hubiera sido más fácil de organizar aprovechando las sinergias ya creadas, pero desde la organización nos hemos encontrado un sinfín de trabas burocráticas y logísticas para tirar esto hacia adelante, que no es sino un síntoma de lo difícil que es generar iniciativas independientes en España.

En líneas generales, y según he leído en los resúmenes, parece ser que está segunda edición ha salido mejor. Aunque siempre hay un sinfín de cosas que mejorar, es difícil tener contentos a más de 400 usuarios “expertos” en usuarios. No me imagino un público más crítico. Será cuestión de ir encontrando el punto.

Intervenciones superficiales

15 Feb, 2013, por Sergio.

En la calle Bon Pastor de Barcelona, hay una pequeña joya arquitectónica escondida en un callejón en pleno centro de la ciudad, se trata de la intervención que el artista Joan Brossa realizó para la fachada del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Barcelona.

Un edificio oscuro en el cual el artista superpuso grandes letras de colores que indican el nombre de la institución. En el espacio que queda entre las ventanas, las mismas letras se agrupan verticalmente siguiendo un orden sistemático y alfabético. Luego, si sois capaces de no romperos el cuello y mirar más arriba, en el tejado, veréis que sobre el edificio se posa una gigantesca langosta de acero, diseñada por Brossa y realizada por el pintor Josep Pla-Narbona.

Fachada del Col·legi d'Aparelladors de Barcelona, de Joan Brossa

Cuando le preguntaron a Brossa por la elección de aquel insecto, este permaneció callado esbozando una de sus sonrisas picaruelas, asegurando de que se trataba de un “homenaje inconsciente al talento de los aparejadores”.

Una sola pantalla, a veces el rediseño de una sola pantalla puede provocar debates internos que generan cambios estructurales en una organización y en la forma de trabajar de sus miembros. Porque, por muy funcional que queramos que sea nuestro trabajo, este se presta siempre a la interpretación. La función siempre choca o se solapa inevitablemente con el significado.

Huevo frito y tortilla

3 Ene, 2013, por Sergio. 4 Comentarios

– ¿Koro qué te apetece de cenar?
– ¡Huevo frito!
– Bueno, vaaale

Nos colocamos el traje de faena y le apaño un delantal a mi hija de 4 años, cuando me dispongo a cascar el huevo sobre la sartén me espeta:

– ¡Noooo, papa! Primero en el plato, quiero mezclar el huevo en el plato.
– Ah! ¿Tu lo que quieres es tortilla francesa no?
– No, quiero huevo frito, pero quiero “barrejar” el huevo en el plato
– ¿Estás segura Koro? Si, batimos el huevo sólo podremos hacer tortilla ¿te comerás luego la tortilla no?
– Mmmmm… sí, tortilla, quiero tortilla francesa!

Le acerco un taburete al mármol y cascamos el huevo en un plato hondo, añadimos sal y bate el huevo durante un buen rato, dejando aproximadamente un 33% del mismo alrededor del recipiente. Con lo que queda, lo vierto sobre la sartén y hago la tortilla.

– ¿Qué plato quieres?
– El blau! (el azul)

Dejo caer la tortilla sobre su plato favorito y a continuación se produce el drama:

– ¡Nooo!¡Papa, yo quería huevo frito!¡No tortilla!
– Pero si te lo he explicado antes Koro…
– ¡Nooooo! – entre sollozos – te he dicho huevo, quería huevo… buaaaah!!!

Se deja caer en el suelo y me monta una escena, una rabieta que dura una media hora hasta que llega mi hija mayor y acepta comerse la tortilla que su hermana no ha querido. En casa no consiento tirar comida, así que hasta que no se llega al pacto familiar soy inflexible con mi hija, que al final consiguió su huevo frito.

Y es que a veces lo queremos todo, hacer tortilla francesa es mucho más divertido que freir un huevo frito, ya que tiene su momento de batir y mezclar los ingredientes, que es muy entretenido. Mientras que el huevo frito es cosa sólo de mayores, no podemos participar del proceso, que es muy peligroso según dice papa, ya que el aceite quema mucho. Aunque luego claro, el sabor del huevo frito y el momento de mojar pan no se puede comparar con la tortilla francesa, que es más práctica eso sí, y nos permite comer mientras realizamos otra actividad, como jugar, dibujar o ver los dibujos.

Feliz año nuevo, intentad disfrutar de vuestras actividades cotidianas y del proceso (si este os lo permite) o saboread el resultado final.

La impostura tecnológica

17 Sep, 2012, por Sergio.

El uso de una tecnología emergente es siempre una tentación, es muy probable pensar que el factor «novedad» o «de moda» facilitará el éxito de un proyecto, o que al menos llamará la atención sobre los medios, aumentando así su difusión.

Cuando me refiero a tecnología emergente no estoy hablando de nada del otro mundo, puede ser simplemente la impostura de crear una aplicación para móviles, el uso de códigos QR para ofrecer información contextual de un lugar turístico o simplemente el hecho de añadir una interfaz a cualquier objeto, con el peligroso riesgo de caer en el ridículo.

Al igual que la incrustación de interfícies por doquier, con los códigos QR estamos viviendo un boom durante los últimos años, de pronto estaban por todas partes, se pusieron muy de moda para dar acceso a información contextual sobre puntos de interés turístico, en placas de hierro cortadas al láser, tallados en rocas… A veces pienso que los arqueólogos del futuro los interpretarán como señales e indicios de una civilización alienígena que nos visitó.

Muchas veces estos códigos se ubican sin instrucciones, de forma críptica, por no decir emplazados en lugares sin cobertura 3G, ni WIFI disponible. ¿No sería sido más fácil colocar un panel informativo en el punto de interés? Quizá sí, pero entonces el ayuntamiento de turno no habría tenido acceso a una subvención de I+D, ni habría ganado un premio a la innovación tecnológica en la provincia.

Con las apps pasa ¾ de lo mismo. El desarrollo de una aplicación específica para un dispositivo puede tener muchos beneficios, ya que entre muchas razones facilita el acceso a la tarea o servicio y en principio la hace más ágil y potente, ya que al estar optimizada para el dispositivo aprovecha al máximo los recursos del mismo para ofrecer u optimizar las funcionalidades. Pero en muchas ocasiones, quizá la mayoría, las motivaciones para desarrollar una aplicación están muy lejos mejorar la experiencia del servicio y son simplemente subterfugios para la captación de nuevos usuarios, con la intención de el introducir un pie en su dispositivo y acabar ofreciendo un acceso directo a funcionalidades muy similares a las que se puede encontrar en el sitio web, por no hablar de réplicas incrustadas del mismo.

Recientemente nos vino a visitar un potencial cliente, que venía con las ideas muy claras y la intención de desarrollar una aplicación. La persona en concreto no tenía experiencia con proyectos digitales, pero había oído hablar de que una aplicación era «lo que tocaba hacer ahora». Cuando le pregunté sobre sus requerimientos y necesidades, honestamente no era nada que no se pudiera resolver mejor, más rápido y más barato con una landing page o con unos flyers.

Como profesionales, aunque sea una tentación trabajar en un proyecto con una nueva tecnología o técnica, estamos obligados a orientar al cliente con la mejor solución en función de sus necesidades y posibilidades, si conocemos bien nuestro oficio, no es ético vender una solución tecnológica de tendencia, para una necesidad que se pueda solucionar de forma más sencilla y eficiente.

De los últimos trimestres en el estudio, los proyectos en los que hemos tenido la oportunidad de trabajar y que mejor resultados y satisfacción han tenido por parte de los clientes, han sido aquellos que se soportan en una tecnología consolidada y familiar para los usuarios:

  • Un flujo de comunicaciones mediante SMS para situaciones de emergencia.
  • Una lista de distribución para solicitar alojamiento mediante una única dirección de email.
  • Distribución de informes automáticos en PDF por email.

El diseño de interacción no se debe acotar tan sólo a una interfaz, sino analizar el servicio en su globalidad para encontrar la pequeña microinteracción que haga mover todo el engranaje con el mínimo esfuerzo. Como decía recientemente en un artículo la gente de Cooper: The best interface is no interface.

Viscoso

29 Jul, 2012, por Sergio.

Estaba Henry Marie Coandă allá por el año 1910, dispuesto a probar su nuevo invento, una aeronave propulsada por un “termoreactor”, cuando al ponerlo en marcha, el aparato salió disparado y al instante se encontró volando. Sorprendido por tal potencia, el bueno de Coandă perdió el control y se estrelló, saliendo despedido. Por suerte solo se magulló un poco y se quedó observando como su invención era consumida por la llamas, pero estas llamas no tenían el típico aspecto de hoguera, Coandă se percató de que el fuego rodeaba los costados del avión, siguiendo el flujo de los gases calientes del motor, y después dedujo que esto parecía haber sido la causa del incendio y el accidente.

Aeronave Coandă-1910

Había descubierto un fenómeno físico producido en la mecánica de fluidos, según el cual un fluido tiende a seguir el contorno de la superficie sobre la que incide, si la curvatura de la misma, o el ángulo de incidencia del fluido con la superficie, no son demasiado acentuados. Esta adherencia a la superficie dependerá de la viscosidad del fluido, una propiedad que sólo se manifiesta en líquidos en movimiento.

No recuerdo muy bien quien fué el autor de la frase, pero una vez le preguntaron a un escritor cuál creía que era el principal atributo de la vida, y él respondió que la “viscosidad”, un atributo que se puede aplicar prácticamente desde el germen de nuestra existencia a el devenir de nuestras relaciones con nuestros semejantes: hay personas con las cuáles quedas enganchado de forma inmediata siguiendo su flujo, personas por las cuales sientes rechazo y otras que simplemente “te resbalan”.

Llamadlo química, ángulo de incidencia o mecánica de fluidos, pero en un mundo en el cuál cada vez nos preocupamos más por la resolución, la densidad de los dispositivos, la intensidad de la experiencias y los flujos de la experiencia del usuario, nadie aún ha hecho referencia a la viscosidad. Todo fluye, se engancha y se pega en mayor o menor medida, menos la virtud, según se suele decir.

El efecto Mirror Glass Building

13 Jul, 2012, por Sergio.

A principios de los años 20, Mies van der Rohe irrumpió en el mundo de la Arquitectura modernista con la propuesta de hacer un edificio revestido completamente de cristal para Berlín, un monolito minimalista carente de ornamentación. La era de los rascacielos había nacido, el edificio-símbolo de la arquitectura de oficinas y las grandes corporaciones.

Con el tiempo, el efecto espejo o de reflejo en los edificios de oficinas se convirtió en un aspecto icónico de la arquitectura de las grandes corporaciones, teniendo como hito técnico la construcción de la Torre John Hancock de Boston, un monolito de cristal donde apenas se intuye la estructura interior.

Torre John Hancock de Boston

El «efecto espejo» es un elemento básico de la arquitectura y diseño de los elementos de control, el observador puede observar con total impunidad sin que el resto de los transeúntes reparen donde está clavando su mirada.

Guardia de seguridad con gafas reflectantes

El espejo tiene un doble rasero de comportamiento: atrae el narcisismo de los más ingenuos, que no reparan en acercarse a él para acicalarse, y produce el rechazo de los que saben se sienten observados.

Haciendo una más que forzada metáfora, un efecto similar se produce en Internet con los populares widgets de Facebook y el casi desaparecido módulo de +1’s de los resultados de Google, al visitar una página podemos ver como algunos de nuestros amigos y gente anónima ha pasado por el site y ha interactuado con él, o como nuestro avatar aparece para hacer un “me gusta” o un comentario, produciendo el efecto llamada del espejo.

Widget de Facebook

¿Produce rechazo a los usuarios? No estoy del todo seguro, es posible que al principio sí, pero al igual que los edificios-espejo ya forman parte del paisaje y nos hemos acostumbrado a interactuar con ellos. ¿Pero cómo interactuamos? Está claro que de forma compulsiva, al igual que cuando caminamos por la calle y miramos de reojo a nuestro reflejo en el escaparate.

Como bien expuso Oliver Reichenstein se trata de elementos temporales, que van a tender a desaparecer más tarde o más temprano, como el uso de materiales reflectantes en los edificios, cuyos reflejos a veces nos deslumbran, cuando hace mucho sol.

Lecciones de Marcel Duchamp

15 Jun, 2012, por Sergio.

Hay pocos artistas que hayan revolucionado tanto el mundo del Arte como Marcel Duchamp. Aunque no os interese lo más mínimo el Arte, es muy probable que lo conozcáis por su archifamosa Fuente (el popular “urinal firmado”). Pero no me gustaría aburriros con un post sobre historia del Arte, lo que siempre me ha fascinado de Duchamp fue su actitud, que como siempre voy a intentar justificar para llevarla al campo del Diseño, la UX, o lo que sea a lo que nos dediquemos.

El intrusismo

Para empezar, Duchamp fue un intruso dentro del mundo artístico. Suspendió el examen de acceso de la École des Beaux-Arts, después se apuntó a una academia privada que abandonó al poco tiempo, para dedicarse a tomar apuntes de la vida cotidiana por los bares del barrio, ganándose la vida haciendo dibujos humorísticos.

El intrusismo y la formación no reglada ha sido un aspecto que siempre ha definido a nuestras comunidad tribus. A muchas personas les ha preocupado durante tiempo, pero ciertamente este factor ha sido lo que nos ha enriquecido.

La ironía

Cabe decir, que es imposible entender su obra si nos acercamos a ella con seriedad. A Duchamp le gustaba decir que él empleaba un «ironismo de afirmación», en lugar de la ironía meramente negativa, reactiva (ahí queda eso). Si en un museo te pones delante de un urinal firmado sólo hay 3 formas de la que puedes reaccionar:

La estética de la indiferencia

Creo que situarse en el estatus de la indiferencia, es el equilibrio perfecto para cualquier proyecto de diseño, si su objetivo es ser funcional, el artefacto no ha de producir ningún tipo de emoción. Provocar emociones y reacciones mediante el diseño es totalmente lícito, y probablemente sea muy necesario para algunos tipos de proyectos, pero es un camino que, al menos a mí no me interesa.

Duchamp afirmaba que el objeto no debe ser necesariamente bello, ni el resultado de un especial talento estético para poder cometer su fin. Ya en 1912, vaticinó que en un mundo futuro superpoblado de imágenes bellas, la experiencia estética tendría que situarse en otro plano.

La precisión y el azar

Otro de los aspectos que preocupaban a Duchamp de forma verdaderamente obsesiva era la precisión, unida siempre al azar en el proceso de creación de todas sus obras. El exponente más claro de esta actitud es El Gran Vidrio, una obra formada por dos capas de vidrio entre los cuales se combinan materiales como láminas de plomo, alambre y polvo, de la cual hizo numerosos estudios y anotaciones durante 8 años. La obra se rompió en 1926 durante un traslado en el Museo de Brooklyn, Duchamp la recompuso meticulosamente, pero dejó visibles las marcas en forma de telaraña de los vidrios fragmentados, aspecto que le añade otra capa de infinitas interpretaciones.

Es decir, a pesar del control absoluto sobre la obra, acepta que el azar entre a formar parte de ella. No pasa nada porque el proyecto tenga vida propia y vaya por otros derroteros fuera de nuestro control.

Esta actitud vital Duchamp la encuentra en el ajedrez, actividad a la que dedicó gran parte de su vida por encima del Arte. Para Duchamp, el ajedrez era una actividad intensamente estética, ya que implica articular el rigor intelectual con el azar y el juego.

La selección

Duchamp introdujo un concepto novedoso en el Arte, se podía hacer arte simplemente seleccionando un objeto y dándole una intencionalidad o significado a esa selección, no había necesidad de el artista elabore la pieza, los llamados “ready-mades” ya están hechos.

Es decir, no hay que definir todo, haciendo una selección adecuada de elementos existentes podemos articular un proyecto, aunque de eso ya he hablado otras veces.

El alter ego

Aunque sea una lectura un poco frívola de su obra, Duchamp fue el primero en crearse un avatar para desarrollar una parte de su trabajo, encarnado bajo la identidad de Rrose Sélavy, su otro yo como mujer. Todos somos muchas cosas a la vez y según la ocasión.

La justificación

Duchamp realizó numerosos escritos alrededor de su trabajo, para darle cuerpo conceptual a sus obras. A partir de él los artistas se ven obligados prácticamente a estructurar las pautas y el sentido de su trabajo, «lo que se quiere decir» en las obras y «cómo».

De esto no cabe decir más que la argumentación de las decisiones de diseño es fundamental, para defender cualquier proyecto que no se base en la espectacularidad ni en la apariencia.

Me hastía cada vez que un diseñador ningunea el mundo del Arte justificando que no tiene ningún valor y es una tomadura de pelo.

El Arte es una forma articular de el pensamiento visual, tan válido como la filosofía o cualquier disciplina que pretenda realizar una actividad intelectual. Superficial en apariencia, tanto como las interfaces que diseñamos.

Desde la cocina de UX Spain

14 May, 2012, por Sergio. 8 Comentarios

Vivimos una época reaccionaria, en la que la moneda de cambio es la reacción inmediata. Escribir un post justo después de la finalización de un evento sacando conclusiones creo que es, además de oportunista, muy precipitado. Hace falta descansar, enfriar la cabeza y mirar las cosas con perspectiva, para poder decidir incluso si merece la pena realizar otra edición y cómo organizarla.

Como miembro de la organización, por lo que a mi respecta los objetivos se cumplieron de este experimento se cumplieron con creces, hace apenas 5 meses rezábamos por poder alcanzar al menos la cifra de 100 participantes y no contábamos con la confirmación de muchos ponentes.

No he tenido grandes sorpresas en cuanto a la calidad de los contenidos y los ponentes. La idea era tener una fotografía panorámica con mejor resolución del estado de la comunidad y desvirtualizarnos. Me he llevado a casa una bonita postal (el momento de la entrada en el hall de la cena del viernes fue impagable), pero la desvirtualización ha sido parcial y me ha pasado como a los novios, que se preocupan más por que se lo pasen bien los invitados y disfrutan poco de la fiesta.

De mis impresiones totalmente subjetivas, tanto por nuestra parte como de cada uno de los asistentes y participantes habría que mejorar lo siguiente:

  • El evento se planteó como un encuentro de profesionales, no una feria comercial, y me entristeció el paseo de camisetas corporativas y de comerciales a la caza de clientes. Me preocupó el clientelismo y la falta de permeabilidad entre los grupos de asistentes.
  • Pese al networking, no hubo mucha voluntad de compartir conocimiento y sí de saltar a la yugular a la mínima oportunidad. Hubo falta de respeto y cada uno gestiono su envidia y frustación por Twitter como pudo, pero poca gente se acerco a discutir las cosas a la cara.
  • En ese sentido, asumo que las mesas redondas fueron excesivamente largas, mantener el tipo y la tensión durante 90 minutos no es nada fácil, y no creo que sea el mejor formato para compartir conocimiento.

De lo positivo, sin duda quiero dar las gracias a la Universidad Pontificia de Salamanca y en especial al equipo de soporte a la organización: Mercedes, María, Eli… han sido unos anfitriones excepcionales.

Y me quedo con lo mejor de UX Spain: Sergio, Yusef y César, unos compañeros de batalla excepcionales. Nuestro constante apoyo mutuo, conversaciones y risas entre bastidores han sido sin ninguna duda lo mejor del evento, solamente con reencontrarnos merecería la pena organizar un segunda edición. Lo meditaremos…

Blando

6 May, 2012, por Sergio.

Desde hace muchos años, cada vez que tengo una época con mucho estrés me repito a mi mismo el mismo salmo: “No eres un cirujano, no eres un arquitecto, un error tuyo no implica la pérdida de vidas humanas”. El salmó lo maticé bastante hace tiempo, cuando empecé a trabajar en proyectos de eHealth, pero bueno, no tenía en mis manos el corazón de una persona, y eso reducía un poco la ansiedad.

Aunque trabajamos en Experiencia de Usuario, pocas veces le miramos a los ojos a este cuando está trasteando con nuestro trabajo, excepto en los cada vez más escasos test de usuarios, pero admitámoslo, siempre lo hacemos desde la barrera y nunca admitimos delante de él que nosotros somos los responsables del error.

Siempre he creído que el material y el medio con el que trabajas condiciona tu carácter, aunque intelectualizamos en exceso nuestro trabajo, el proyecto final no deja de ser una mera herramienta virtual proyectada sobre una pantalla. Una herramienta maleable, blanda, que puede ser modificada con cierta agilidad si no cumple correctamente su cometido.

Aunque esta característica le otorga gran complejidad a nuestro trabajo, no deja de tener un doble rasero sobre como nos aproximamos a ella. Aceptemos que la comunidad profesional ha tardado mucho tiempo en introducir el rigor y la metodología a los productos digitales. El éxito y la boyancia actual del sector, teniendo en cuenta la que está cayendo, no es ni más ni menos fruto de las lecciones que aprendimos hace más de 10 años en la “burbuja punto com”. Cuesta introducir rigor, metodología y proceso en un medio cuanto este es tan maleable como la plastilina, a veces me pregunto si nos aproximaríamos de la misma forma a nuestro trabajo si talláramos en piedra los proyectos, si un fallo el cálculo de la estrategia de la trayectoria de la tuneladora implicara un colapso en los cimientos de los edificios históricos que acaricia a su paso.

Nuestro trabajo es reversible, degradable, efímero y muchas veces futíl, y eso a veces lo acerca más al reino de la performance que al del diseño. Procuremos entonces no sobreactuar, y no desplegar más medios que los necesarios para realizar nuestro trabajo. El trabajo final de un escenógrafo es dejar lista la escena, no abrumar a los actores con los croquis de su trabajo.

Levantar la cabeza

15 Feb, 2012, por Sergio.

Es muy posible que estés leyendo este texto desde un smartphone, si es así, hazme un favor, levanta tu cabeza y mira a tu alrededor durante medio minuto.

¿Ya estás? ¿Qué has observado? ¿Qué te ha llamado la atención? ¿Te has fijado en cómo se comportan el resto de las personas del autobús o el metro? ¿Has observado cómo utilizan sus otros teléfonos móviles? ¿Si tienen smartphone? ¿Si están mirando las musarañas? ¿Si están dormidos?

Es muy probable que en este pequeño lapso de tiempo os haya llamado la atención: las 10 o 12 personas que al igual que tú no levantan su mirada de su teléfono móvil. La señora que se sienta a tu lado y juega al solitario o al snake con su viejo, desgastado y funcional Nokia. El señor que sostiene y lee de forma espartana el best-seller de 1 kg forrado en papel de periódico. La chica del sudoku del diario gratuito. El joven que lee una partitura mientras con la mano toca un piano invisible en el aire…

A parte de la gratificante experiencia de re-conexión con el mundo real, es muy posible que, observando vuestro entorno, se os haya ocurrido la solución para la ubicación de aquel dichoso botón, que tantos errores os dio en el test de usuarios. Quizá os haya inspirado una idea para una nueva aplicación, o simplemente hayáis perdido el tiempo sin hacer nada durante 30 segundos.

¿Qué derroche no? Medio minuto sin aprovechar el tiempo entre trayectos.

Burro con 2 pantallas en los ojos.

No se a vosotros, pero a mi por ese medio minuto aprovechado he perdido muchos autobuses, por no darme cuenta de se acercaba y levantar la mano para avisar al conductor. Me he pasado de la parada del metro. Me han estado a punto de atropellar varias veces, por seguir mirando la pantalla mientras camino… Pero lo que es peor, por no levantar la cabeza, quizá he perdido muchas oportunidades de observar el entorno, descubrir y dejar la mente en blanco para simplemente asentar las ideas del día.

Como profesionales de la Experiencia de Usuario hemos de procurar moderar la pulsión cognitiva de la pantalla y  re-encontrarnos con el hábito de la observación etnográfica, del time-line de la vida real, que es el destino final de nuestro trabajo.