diseño de interacción
- ¿Koro qué te apetece de cenar?
- ¡Huevo frito!
- Bueno, vaaale
Nos colocamos el traje de faena y le apaño un delantal a mi hija de 4 años, cuando me dispongo a cascar el huevo sobre la sartén me espeta:
- ¡Noooo, papa! Primero en el plato, quiero mezclar el huevo en el plato.
- Ah! ¿Tu lo que quieres es tortilla francesa no?
- No, quiero huevo frito, pero quiero “barrejar” el huevo en el plato
- ¿Estás segura Koro? Si, batimos el huevo sólo podremos hacer tortilla ¿te comerás luego la tortilla no?
- Mmmmm… sí, tortilla, quiero tortilla francesa!
Le acerco un taburete al mármol y cascamos el huevo en un plato hondo, añadimos sal y bate el huevo durante un buen rato, dejando aproximadamente un 33% del mismo alrededor del recipiente. Con lo que queda, lo vierto sobre la sartén y hago la tortilla.
- ¿Qué plato quieres?
- El blau! (el azul)
Dejo caer la tortilla sobre su plato favorito y a continuación se produce el drama:
- ¡Nooo!¡Papa, yo quería huevo frito!¡No tortilla!
- Pero si te lo he explicado antes Koro…
- ¡Nooooo! – entre sollozos – te he dicho huevo, quería huevo… buaaaah!!!
Se deja caer en el suelo y me monta una escena, una rabieta que dura una media hora hasta que llega mi hija mayor y acepta comerse la tortilla que su hermana no ha querido. En casa no consiento tirar comida, así que hasta que no se llega al pacto familiar soy inflexible con mi hija, que al final consiguió su huevo frito.
Y es que a veces lo queremos todo, hacer tortilla francesa es mucho más divertido que freir un huevo frito, ya que tiene su momento de batir y mezclar los ingredientes, que es muy entretenido. Mientras que el huevo frito es cosa sólo de mayores, no podemos participar del proceso, que es muy peligroso según dice papa, ya que el aceite quema mucho. Aunque luego claro, el sabor del huevo frito y el momento de mojar pan no se puede comparar con la tortilla francesa, que es más práctica eso sí, y nos permite comer mientras realizamos otra actividad, como jugar, dibujar o ver los dibujos.
Feliz año nuevo, intentad disfrutar de vuestras actividades cotidianas y del proceso (si este os lo permite) o saboread el resultado final.
El uso de una tecnología emergente es siempre una tentación, es muy probable pensar que el factor “novedad” o “de moda” facilitará el éxito de un proyecto, o que al menos llamará la atención sobre los medios, aumentando así su difusión.
Cuando me refiero a tecnología emergente no estoy hablando de nada del otro mundo, puede ser simplemente la impostura de crear una aplicación para móviles, el uso de códigos QR para ofrecer información contextual de un lugar turístico o simplemente el hecho de añadir una interfaz a cualquier objeto, con el peligroso riesgo de caer en el ridículo.

Al igual que la incrustación de interfícies por doquier, con los códigos QR estamos viviendo un boom durante los últimos años, de pronto estaban por todas partes, se pusieron muy de moda para dar acceso a información contextual sobre puntos de interés turístico, en placas de hierro cortadas al láser, tallados en rocas… A veces pienso que los arqueólogos del futuro los interpretarán como señales e indicios de una civilización alienígena que nos visitó.
Muchas veces estos códigos se ubican sin instrucciones, de forma críptica, por no decir emplazados en lugares sin cobertura 3G, ni WIFI disponible. ¿No sería sido más fácil colocar un panel informativo en el punto de interés? Quizá sí, pero entonces el ayuntamiento de turno no habría tenido acceso a una subvención de I+D, ni habría ganado un premio a la innovación tecnológica en la provincia.
Con las apps pasa ¾ de lo mismo. El desarrollo de una aplicación específica para un dispositivo puede tener muchos beneficios, ya que entre muchas razones facilita el acceso a la tarea o servicio y en principio la hace más ágil y potente, ya que al estar optimizada para el dispositivo aprovecha al máximo los recursos del mismo para ofrecer u optimizar las funcionalidades. Pero en muchas ocasiones, quizá la mayoría, las motivaciones para desarrollar una aplicación están muy lejos mejorar la experiencia del servicio y son simplemente subterfugios para la captación de nuevos usuarios, con la intención de el introducir un pie en su dispositivo y acabar ofreciendo un acceso directo a funcionalidades muy similares a las que se puede encontrar en el sitio web, por no hablar de réplicas incrustadas del mismo.
Recientemente nos vino a visitar un potencial cliente, que venía con las ideas muy claras y la intención de desarrollar una aplicación. La persona en concreto no tenía experiencia con proyectos digitales, pero había oído hablar de que una aplicación era “lo que tocaba hacer ahora”. Cuando le pregunté sobre sus requerimientos y necesidades, honestamente no era nada que no se pudiera resolver mejor, más rápido y más barato con una landing page o con unos flyers.
Como profesionales, aunque sea una tentación trabajar en un proyecto con una nueva tecnología o técnica, estamos obligados a orientar al cliente con la mejor solución en función de sus necesidades y posibilidades, si conocemos bien nuestro oficio, no es ético vender una solución tecnológica de tendencia, para una necesidad que se pueda solucionar de forma más sencilla y eficiente.
De los últimos trimestres en el estudio, los proyectos en los que hemos tenido la oportunidad de trabajar y que mejor resultados y satisfacción han tenido por parte de los clientes, han sido aquellos que se soportan en una tecnología consolidada y familiar para los usuarios:
El diseño de interacción no se debe acotar tan sólo a una interfaz, sino analizar el servicio en su globalidad para encontrar la pequeña microinteracción que haga mover todo el engranaje con el mínimo esfuerzo. Como decía recientemente en un artículo la gente de Cooper: The best interface is no interface.
Es muy posible que estés leyendo este texto desde un smartphone, si es así, hazme un favor, levanta tu cabeza y mira a tu alrededor durante medio minuto.
¿Ya estás? ¿Qué has observado? ¿Qué te ha llamado la atención? ¿Te has fijado en cómo se comportan el resto de las personas del autobús o el metro? ¿Has observado cómo utilizan sus otros teléfonos móviles? ¿Si tienen smartphone? ¿Si están mirando las musarañas? ¿Si están dormidos?
Es muy probable que en este pequeño lapso de tiempo os haya llamado la atención: las 10 o 12 personas que al igual que tú no levantan su mirada de su teléfono móvil. La señora que se sienta a tu lado y juega al solitario o al snake con su viejo, desgastado y funcional Nokia. El señor que sostiene y lee de forma espartana el best-seller de 1 kg forrado en papel de periódico. La chica del sudoku del diario gratuito. El joven que lee una partitura mientras con la mano toca un piano invisible en el aire…
A parte de la gratificante experiencia de re-conexión con el mundo real, es muy posible que, observando vuestro entorno, se os haya ocurrido la solución para la ubicación de aquel dichoso botón, que tantos errores os dio en el test de usuarios. Quizá os haya inspirado una idea para una nueva aplicación, o simplemente hayáis perdido el tiempo sin hacer nada durante 30 segundos.
¿Qué derroche no? Medio minuto sin aprovechar el tiempo entre trayectos.

No se a vosotros, pero a mi por ese medio minuto aprovechado he perdido muchos autobuses, por no darme cuenta de se acercaba y levantar la mano para avisar al conductor. Me he pasado de la parada del metro. Me han estado a punto de atropellar varias veces, por seguir mirando la pantalla mientras camino… Pero lo que es peor, por no levantar la cabeza, quizá he perdido muchas oportunidades de observar el entorno, descubrir y dejar la mente en blanco para simplemente asentar las ideas del día.
Como profesionales de la Experiencia de Usuario hemos de procurar moderar la pulsión cognitiva de la pantalla y re-encontrarnos con el hábito de la observación etnográfica, del time-line de la vida real, que es el destino final de nuestro trabajo.
Estamos buscando una persona para incorporarse a media jornada con nosotros en nuestras oficinas de Barcelona.
Si tienes buena mano con el diseño visual de interfaces y si además suenan conceptos como prototipos, retículas, wireframes, diagramas de flujo… y quieres llevarlos a la práctica, esta es tu oportunidad.
¿Qué necesitamos?
Extras
Si os interesa, enviad vuestro CV / LinkedIn y 3 ejemplos de diseños de los que estéis orgullosos a sergio@guindo.com. La idea es que la persona se incorpore a principios de Septiembre.
3 things we had in mind for the redesign:
Try to resize the browser and see how it behaves, we’ve used the Responsive Web Design technique, allowing the layout, the images and the type size to flow depending on the browser size or device resolution.
From the standard grid-based layout:

To a narrow single column, optimized for mobile devices:

We don’t claim to win a design prize or reinvent the wheel. Our purpose is just have a good tool to work from, as we still need to tweak some details. We hope you like it.
Yes! Finally after 5 years online, this website has a blog.
Not strange, as this need was always covered in other projects (my dear friends of Usolab), but life sometimes gives unexpected turns, and now it’s time to seed in our own garden.
Our goal is to keep on talking about usability, interaction design and related topics. For the spontaneous stuff I will keep on posting on Visto / Bien (I hope I can maintain both blogs with dignity). We will try to post in English (me and Carol), since now is our main working language, and I don’t want to leave my colleagues out of the conversation.
So this post is just to say “hello!” and turn on the machine.